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Cultura / El Hilorio

Mártires de amor

Les voy a explicar señores
un suceso de dolor
que tan solo el referirlo
entristece el corazón.
En un pueblo de Castilla
según la letra declara
en una hermosa ciudad
tuvo lugar esta infamia.
En una casita humilde
vive una familia honrada
compuesta por una madre
y un hijo que la adoraba.
La madre era una anciana
y algo enferma se encontraba
y el hijo con grande afán
sin descanso trabajaba.
Para que a su pobre madre
nunca nada la faltara,
pues no tenia otro amor
más que a su madre adoraba.
Así fue pasando el tiempo
hasta que al fin conoció
una encantadora joven
y de ella se enamoró.
La joven con gran cariño
correspondió aquel amor
y muy pronto de aquel joven
ciegamente se prendió.
Pero entre los dos amantes
una barrera se alzaba
el era un humilde obrero
y ella rica acaudalada.
Así pasaron los días
pasaron varias semanas
y estos dos enamorados
más ciegamente se amaban.
Pero un día que el padre
de la joven se enteraba
que su hija con un pobre
en relaciones se hallaba.
Lleno de rabia y coraje
a su hija se acercó
como una fiera inhumana
de esta manera la habló:
¿Como es que tienes valor
hija perversa y malvada
con un miserable obrero
en relaciones te hallas?.
¿No ves que el es un pobre
y tu poderosa y rica
si no dejas a ese hombre
deshonras nuestra familia?.
Si es que quieres ser casada
yo te buscaré un marido
que tiene muchas riquezas
y se casará contigo.
Las riquezas padre mío
para mi no valen nada
pues ellas tienen la culpa
de las mayores desgracias.
Yo en todo le obedezco
dijo la hija a su padre
pero eso no me lo pida
me es imposible olvidarle.
Antes prefiero morir
que traicionar a mi amor
pues aunque sea un pobre
es rico de corazón.
El padre muy enrabiado
en un cuarto la metió
y a la infeliz muchacha
cruelmente maltrató.
Durante ocho días
permaneció encerrada
sin darla alimento alguno
para que de el se olvidara.
Al cumplir los nueve días
este padre sin entrañas
penetró en la habitación
en donde su hija estaba.
La pobre enferma de muerte
en un rincón la encontró
a la desgraciada joven
y de esta manera la habló:
Isabel te estás muriendo,
¿como eres tan desgraciada?
¡maldito sea ese hombre
que te tiene trastornada!.
Al oír esto la joven
de rodillas se postró
y con débiles palabras
de esta manera exclamó:
Hombre de mal corazón
padre de malas entrañas
por la ambición del dinero
me llevas a la desgracia.
Yo ya estoy fuera del mundo
mi vida pronto se acaba
y muero sin poder ver
al hombre que tanto amaba.
De su cuerpo casi muerto
un gran suspiro salió
y esta desgraciada mártir
su alma a Dios entregó.
Al enterarse aquel joven
de la muerte de su amada
con mucha pena y dolor
amargamente lloraba.
Lleno de ira y coraje
un gran cuchillo cogió
y a casa de aquel malvado
muy pronto se dirigió.
Y le dice hombre malvado
padre de mal corazón
que a tu pobre hija has matado
sin tenerla compasión.
Pero te juro que ahora
su muerte la vengo yo
y sacando el cuchillo
le atraviesa el corazón.
Al ver que muerto quedaba
de aquella casa salió
resuelto y sin vacilar
al cementerio marchó.
Y en la tumba de su amada
de rodillas se postró
y llorando como un niño
de esta manera exclamó:
Isabel del alma mía
tu muerte ya he vengado
has muerto por mi amor
y yo vengo a morir a tu lado.
Al momento del bolsillo
papel y lápiz sacó
y con mano temblorosa
unas líneas escribió.
Y con el mismo cuchillo
un fuerte golpe se daba
cayendo muerto en la tumba
de aquella que tanto amaba.
Adiós madre de mi alma
¡Adiós madre de mi vida!
tu hijo se va del mundo
cuando más falta te hacía.
Ya sabes que por mi culpa
su vida sacrificó
la mujer que yo quería
con todo mi corazón.
Y sin ella en este mundo
me era imposible la vida
no llores ni tengas pena
adiós mi madre querida.