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Cultura / El Hilorio

Mata a su novio

En la provincia de Murcia
este caso sucedió
con una honrada joven
en defensa de su amor.
Un mocito de aquel pueblo
de amores la pretendió
al ver que se hallaba en cinta
el traidor la abandonó.
Y para mayor desprecio
al momento se casó
con otra joven del pueblo
llamada Resurrección.
Pero Isabel al saberlo
juró vengar su honor
y al poco de estar casado
el crimen ejecutó.
La metieron prisionera
y ante el juez declaró
que ella solo le mataba
porque la quitó su honor.
La metieron en la cárcel
y de allí al poco tiempo
dio a luz un pobre niño
más hermoso que un lucero.
De los brazos de su madre
al niño la arrebataron
lo llevaron a la inclusa
y al punto lo bautizaron.
Como nació en la cárcel
en oscura soledad
Joaquín le ponen de nombre
y de apellido Penal.
Llorando la pobre madre
llena de pena y dolor
por aquel hijo querido
fruto de su corazón.
Llegó el día del juicio
y acudió ante el fiscal
para escuchar la sentencia
de la infeliz criminal.
La piden pena de muerte
pero por intercesión
de algunos magistrados
la concedieron perdón.
A treinta años de presidio
redujeron la sentencia
y a la infeliz Isabel
la destinaron a Ceuta.
Se levanta de la silla
llorando le pide al fiscal
que la enseñen a su hijo
que le quería besar.
Por complacer sus deseos
al niño fue a buscar
mientras que la pobre madre
no cesaba de llorar.
Cogió al niño entre sus brazos
y lo besó con cariño
y llorando amargamente
estas palabras le dijo:
Hijo de mi corazón
que cruel es nuestra suerte
tu morirás en la inclusa
y yo en la cárcel la muerte.
En esta perdida vida
no nos veremos jamás
pero en el cielo un día
tu madre te abrazará.
Isabel pasó a presidio
para cumplir su condena
y con lágrimas de sangre
regaba su triste celda.
Años y años pasaron
llenos de dolor y pena
sin tener nunca un consuelo
sólo tormento y tristeza.
Al cumplir veintiséis años
llegó el día del placer
recobró la libertad
la infeliz Isabel.
Sin tener de nadie amparo
para su pueblo marchó
y como a nadie tenía
a pedir se dedicó.
Entre los buenos cristianos
una limosna por Dios
hallando en todos amparo
caridad y protección.
Había un señor en el pueblo
que con frecuencia le daba
limosna todos los días
de una manera cristiana.
Quién será ese hombre
decía la pobre anciana
que tanto favor me hace
sin conocer mi desgracia.
Un día se puso a leer
un letrero de la casa
que decía Joaquín Penal
notario de la comarca.
Al leer Joaquín Penal
quedó triste y apenada
¿acaso será mi hijo?
se dijo la pobre anciana.
Y llorando amargamente
le preguntaba a la criada:
¿dígame buena señora
el señor cómo se llama?.
Joaquín Penal contestó
al momento la criada
porque nació en la cárcel
según la gente declara
Al oír esto la pobre
sin aliento se quedó
ese es mi hijo señora
llorando la contestó.
Estando en estas palabras
Don Joaquín se presentó
y al saber que era su madre
al suelo se desmayó.
Lleno de gozo y alegría
hijo y madre se abrazaron
después de tan larga ausencia
al fin los dos se encontraron.
Madre de mi corazón
cuánto sufriste por mí
no llores madre querida
madre de mi corazón
después de tan largos años
de martirio y de dolor.
Un banquete celebraron
en la casa de su hijo
dónde viven felizmente
llenos de amor y cariño.