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Cultura / El Hilorio

Limosna por Dios

En la provincia de Sevilla
hay un pueblo muy nombrado
se llama Villa del Río
ya verán lo que ha pasado.
Habitaba un matrimonio
con bastante capital
se querían con locura
con una hija nada más.
Pero quiso la desgracia
que aquella felicidad
se convierta en amargura
y penas para este hogar.
Porque la pobre mujer
de una enfermedad murió
y aquel padre con su hija
solos quedaron los dos.
Y transcurrieron tres años
y la hija ya tenía
diez y nueve años de edad
y tranquila no vivía.
Pues la joven se dio cuenta
de que el padre la miraba
y mirando la decía:
cada día estás más guapa.
Un día el infame padre
llevado por la ilusión
olvidando que era su hija
la declaró su intención.
Hasta la dijo el infame
para ti es mi capital
pero si no me haces caso
que mal lo vas a pasar.
Venderé todas las fincas
y malgastaré el dinero
y entonces tendrás que ser
la mujer de un jornalero.
Y la hija horrorizada
dijo a su padre enfadada:
desprecio toda fortuna
quiero ser pobre y honrada.
Apenas se fue su padre
la joven se preparó
y envuelta en un mantoncillo
hacia el campo se marchó.
Y cuando estaba la joven
lejos de la población
una cuerda que llevaba
a un pino la amarró.
Después se la echó al cuello
para quitarse la vida
no se dio cuenta la joven
de que alguien la veía.
Porque había un caballero
que perdices esperaba
al ver el hecho de la joven
la vida se la salvaba.
Y la dice: !oiga usted joven!
¿se encuentra desesperada?
no tengo padre ni madre
y me encuentro abandonada.
Él la monta en su caballo
y a su casa la llevó
a su madre y dos hermanas
todo el caso les contó.
Tomándola como hija
cuando vieron su bondad
la madre y las dos hermanas
cada día la quieren más.
Y no fue menos el joven
al verla tan guapa y buena
pidió permiso a su madre
para casarse con ella.
Todos con mucha alegría
la boda se celebró
ahora sabrán el castigo
que Dios al padre mandó.
Transcurrieron cinco años
y un día la joven sintió
un pobre pidiendo a la puerta
una limosna por Dios.
Salió la joven a darle
al pobre un trozo de pan
y apenas de que le vio
la joven se echó a llorar.
Y la suegra la pregunta:
¿hija mía por que lloras?
porque acabo de darle
a mi padre una limosna.
Llamaron corriendo al padre
y ya todo se aclaró
por lo malo que había sido
el Señor le castigó.
Dios le dio una enfermedad
que gastó todo el dinero
y ahora tenía que andar
vestido de pordiosero.
Al ver al padre llorando
arrepentido de dolor
los hijos que eran muy buenos
le perdonaron los dos.
Y al recibir la alegría
de sus hijos el perdón
a sufrido un fuerte ataque
que a los tres días murió.
Ya ven ustedes señores
como Dios le castigó
a que pidiera a su hija
una limosna por Dios.