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Cultura / El Hilorio

La niña perdida

En el valle de la Almena
se celebra una función
en una ermita que llaman
de la Esperanza de Dios.
El día quince de abril
con muy grande devoción
el señor Fernando Sánchez
con la esposa de su amor,
llevando a su hija Gertrudes
y a su hijo Ramón.
La niña tiene tres años
es más hermosa que el sol.
Cuando salieron de misa
después de la procesión
Ramón como mayorcito
de la niña se encargó.
A las cuatro de la tarde
sin saber porque ocasión
empezó a correr la gente
huyendo sin detención.
Acudió Ramón entonces
pero la Gertrudes no
¿dónde has dejado a la niña?
su padre le preguntó.
La niña se me ha perdido
cuando la gente corrió
creí que me atropellaban
por eso me vine yo.
Los padres de que lo oyeron
sin aguardar más razón
cada uno por un lado
preguntan en alta voz.
¿Quién da razón de una niña
que hace poco se perdió?
nadie les daba noticia,
apenas se oscureció.
Todos se van a sus casas
solo ellos y Ramón
se recogen en la ermita
ante la madre de Dios.
Y postrados de rodillas
la piden con devoción
que los ampare la hija
que hoy mismo se les perdió.
Ya se fueron a sus casas
y luego sin detención
dieron parte a la justicia
y al punto determinó.
Que al otro día siguiente
con la mayor precaución
se registra todo el valle
la niña no apareció.
Dejaremos a sus padres
que llorando en su aflicción
sólo encomiendan a su hija
a la Esperanza de Dios.
Transcurrieron doce años
sufrió la quinta Ramón
dónde cayó por soldado
sin tener mas remisión.
Se despidió de sus padres
con lágrimas de dolor
y abrazándole le dicen
¡Ay hijo del corazón
que bien solitos nos dejas
llenos de pena y dolor!
si caemos en la cama,
¿a quién pediremos favor?
Y su hijo les responde:
Padres de mi corazón
no podemos remediarlo
mi suerte lo permitió.
Pero no desconfiéis
tener esperanza en Dios
y en la Virgen Soberana
madre de consolación.
Al oír estas palabras
se les parte el corazón
y sin poder resistirlo
se desmayaron los dos.
Y suspirando decían
en lágrimas de dolor:
¡adiós padres de mi vida
echadme la bendición!
Dejaremos a los padres
en aflicción tan amarga
y sigamos a Ramón
que se marcha a la campaña.
Le tocó para ultramar
al momento se embarca
llegó a la isla de Cuba
dónde sujeto a las armas
estuvo más de cuatro años
recorriendo las montañas
en busca del enemigo
según orden que les daban.
Cumpliendo ya su servicio
de día en día esperaba
tomar licencia absoluta
para volver a su patria.
¡Oh, virgen de la Esperanza!
aquí mi pluma se para
un día salió Ramón
a recorrer la montaña.
En busca del enemigo,
según orden que le daban,
camina muy bien armado
ya que llegó a la montaña.
Un indio se le presenta
y le dice estas palabras:
Dime valiente soldado,
¿quieres comprarme una blanca?
que solo tiene veinte años
hoy mismo me la encontraba
al pie de un gran caballero
la niña llorando estaba.
Me dijo que era su padre
y que muerto a puñaladas
por mano de los ladrones
y que a ella la dejaban.
Porque me vieron a mi
al momento se fugaban,
¿dónde la tienes buen indio?
recogida en mi cabaña.
Si la quieres ver, venir
¡qué bien¡ sé que os agrada
dijo Ramón entonces:
Vamos a ver a la blanca.
Como sea de mi gusto
no recelaré el comprarla.
Ya llegaron a la choza
apenas en ella entraban
encontraron a la joven
en el suelo desmayada.
La echaron agua en el rostro
y algún tanto mejoraba
apenas vio al militar
de esta manera le hablaba:
¡Compadeceos señor
de esta joven desgraciada
que hoy mismo perdió a su padre
que fue muerto a puñaladas!
Decid niña vuestro nombre.
A mi Florentina me llaman
una servidora vuestra
Ordóñez me apellidaba.
Mi padre era don Jacinto
naturaleza de Italia
amigo de correr mundo
nunca paraba en su patria.
Veníamos de Inglaterra
dirigidos para España
a cumplir una promesa
de una imagen que se llama
de la Esperanza de Dios
según mi padre contaba
en el valle de la Almena
un santuario se hallaba.
Respondió Ramón entonces
¡Oh reina tan soberana
esa es mi patria querida
dónde mis padres se hallan!
¿Os queréis venir conmigo?
os llevaré hasta mi casa
aunque mis padres son pobres
no os ha de faltar nada.
Muchas gracias caballero
siempre que viva honrada
hasta el fin del mundo iré
gozando de vuestra compañía.
Pregunta Ramón al indio:
¿Cuánto quieres por la dama?
es digna de compasión
para mi no quiero nada.
Sólo que mires por ella
y tratadla como hermana
alegres llegan a Cuba
dejándola en una casa.
De mucho honor que Ramón
a menudo frecuentaba
no pasaron muchos días
cuando Ramón alcanzaba
ya su licencia absoluta
y embarcaron para España
prosiguen su embarcación
y ya que a tierra saltaban.
En la casa de Ramón
dónde sus padres le abrazan
los parientes y vecinos
sólo a Ramón saludaban.
Y a la triste Florentina
nadie la decía nada
empezó a decir entonces
al hallarse en tierra extraña.
A la muerte de su padre
en altas voces exclama:
¡padre de mi corazón,
que hija tan desgraciada!
Dejaste sola en el mundo
cuanto mejor estimara
cuando te dieron la muerte
que a mi también me mataran.
Apenas la oyó Ramón
con amor la consolaba
calla querida, no llores
que yo estoy en tu compañía.
Primero pierdo la vida
que quedes desamparada
y los padres de Ramón
a su hijo preguntaban.
Dinos que señora es esta
y Ramón les contestaba:
madre mía esta es mi novia
la traigo de tierra extraña.
Dejémosla descansar
otro día de mañana
caminan al santuario
apenas en él entraban.
Todos hacen oración
a la Virgen Soberana
porque les trajo a Ramón
sin novedad a su casa.
Saliéronse para fuera
cuando un caballero entraba
el que viendo a Florentina
tiernamente la abrazaba.
Diciéndola ¡hija querida
es la Virgen Coronada
quiso que viniera a verte
y aquí mismo te encontraba!
Sitio dónde te encontré
dieciséis años pasaban
y vengo a restituirte
a los padres de tu alma.
Habiéndote visto muerto
cómo es que resucitaras
y don Jacinto responde
la Virgen de la Esperanza.
Quiso que yo no muriera
de las fuertes puñaladas
que los ladrones me dieron
allá en aquellas montañas.
A Cuba fui y me curaron
y cuando a ti te buscaba
me dijeron que una joven
que Florentina llamaban
con un joven licenciado
se embarcaba para España
y cumpliendo la promesa
ahora sólo me falta
referirte la historia
de tu vida pasada:
Hace ya dieciséis años
que por aquí yo no pasaba
cuando la gente corría
no sé por que circunstancia
a ti te encontré llorando
solita y desamparada.
Te pregunté por tu nombre
dijiste que te llamabas
Gertrudes y que tus padres
Fernando Sánchez estaba
con tu madre Rafaela
y Ramón te acompañaba.
Viendo tu gran hermosura
y la explicación tan clara
quise buscar a tus padres
pero luego me acordaba
que mejor era llevarte
para criarte en Italia.
Otra señal te daré
que cuando te desnudabas
te he visto una cicatriz
en medio de las espaldas.
Te puse el nombre de Flora
y por Flora contestabas
mañana hago testamento
por si la muerte me llama.
Tú mi única heredera
pues en el Banco de España
tengo cuarenta mil duros
y otros tantos en Italia.
Los padres que esto oyeron
ambos todos se abrazaban
para abrazar a su hija
sólo Ramón se quedaba.
Inmóvil de tal manera
que parecía una estatua
abrazados a su hija
su padre y su madre estaban.
Cuando la madre cayó
en el suelo desmayada
y después de vuelta en sí
en altas voces exclama:
¡Hija de mi corazón
nacida de mis entrañas
no creí volverte a ver
más la Virgen Soberana,
al cabo de tanto tiempo,
volvió a traerte a casa!
Ahora vamos a Ramón
quien abrazado a su hermana
en altas voces decía:
¡ Viva mi querida patria ¡
¡ Viva mi padre y mi madre ¡
¡ Viva mi suerte afamada ¡
Que por traer a mi novia
traje a mi querida hermana
¡ Viva don Jacinto Ordóñez ¡
¡ Viva la Virgen Sagrada ¡