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Cultura / El Hilorio

A la muerte de mi madre

La muerte me arrebató
un tesoro que tenía
dejando en mi corazón
como clavada una espina;
ese tesoro yo nunca
podré olvidar en la vida
porque ese hermoso tesoro
es ... mi madre querida.
Ella fue mi confidente
de tristezas y alegrías
ella fue para mi siempre
compañera de fatigas.
Nuestro amor era tan grande
llegó a tanto nuestro amor,
que éramos dos cuerpos, si,
pero un solo corazón.
Ay Jesús, Jesús querido
que prueba me has enviado
me tienes el corazón
por el dolor destrozado;
Mi sufrimiento es tan grande
que más no puede ser ya,
pero con resignación cristiana
acepto tu voluntad.
Tú me la diste señor
tú también me la has llevado
como a ti pertenecía...
nada mío me has quitado.
En medio del gran dolor
me queda un grande consuelo
un gran consuelo, y es ...
que mi madre está en el cielo.
Mi madre era muy buena
fue una santa en esta vida,
yo lo puedo asegurar
porque bien la conocía
Mi madre fue en este mundo
como una perla escondido,
y por eso fue a ocupar
el puesto que merecía.
Bendito sea mil veces
lo que de tu mano viene,
pues sé que das a las almas
siempre lo que las conviene.
Pero ya sabes Jesús,
que el corazón es humano
y que estos golpes tan duros
le cuesta mucho llevarlos.
Y por eso yo te pido
con todo mi corazón
que ahora y siempre me des
fortaleza, paz, valor.
No faltándome esto nunca
mientras la vida me dure
podré decirte en las pruebas
aunque el dolor me triture
¡Bendito sea el dolor
cuando de tu mano viene!
¡Bendita sea, Señor
la mano con que me hieres!