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Cultura / El Hilorio

Entrega su hijo a un marino

Al público que me escucha, con cariño y devoción
quiero contarles el caso que en Barcelona ocurrió.
Un soldado marinero que leyendo se encontraba
sentado tranquilamente, en un banco de la Rambla
se le presenta una joven, excesivamente guapa
con una niña en los brazos, que junto a él se sentaba.
El marino la miró, diciéndola estas palabras:
Dígame usted bella joven, dígame si esta casada.
No señor no soy casada la joven le contestó
soy una pobre doncella, un hombre me deshonró.
Entonces el marinero, al ver que era una doncella
quiso con educación, el joven hablar con ella.
Aceptó ella gustosa, aquella conversación
y la joven muy graciosa, de esta manera le habló.
Esta niña que usted ve, se cría con biberón
no hace más que llorar, me pone de mal humor.
Usted como es la doncella, el marino contestó,
es la que lucha por ella y hay que tener corazón.
Que bueno que es usted, la joven le contestó,
con todo un hombre así, quisiera casarme yo.
Pues yo me encuentro soltero, y sin ningún compromiso
si usted acepta mis señas, yo mañana me voy cumplido.
Me llamo Antonio López, natural de Cartagena
vivo en la calle Mayor en el número noventa.
La joven le contestó con una gran alegría
si no tiene inconveniente, me quiere coger la niña
pues no hace más que llorar, es señal que tiene hambre
voy a comprarle la leche, para su alimento darle.
Una hora esperando y la joven no volvió
y el marino con la niña, ¿y ahora que haré yo?
Al barco tengo que irme, pues no tengo otro remedio
y esta niña tan hermosa, yo conmigo me la llevo.
Cuando este llegó al barco, el capitán le preguntó:
¿Es que te has vuelto loco?, ¿de quién es la criatura?
El marino le contó como se la habían dado,
y entonces el capitán este consejo la ha dado:
Mañana por la mañana, tu lo que tienes que hacer,
llevar la niña a la inclusa, que es tu deber.
Pero en este momento cuando la niña acostaba
vieron que de entre la ropa, se le caía una carta.
Cogieron y la leyeron, y decía estas palabras:
Esta niña que le entrego, procure usted criarla,
yo le mandaré dinero, para que no le falte nada,
pues no tengo más remedio, que en sus manos dejarla.
En el pueblo de Cartagena, su familia le esperaba
y al verlo con la niña, su madre le preguntaba.
Hijo mío de mi alma ¿que es lo que tres ahí?
es una hermosa niña, un regalo para ti.
Pero traigo aquí la carta, que le dará explicación,
fue una joven muy guapa, la que me la entregó.
Cuando leyeron la carta ya tranquilos se quedaron
y se llevaron la niña que felices la criaron.
Cuando tuvo quince años, en un taller de modistas
colocaron a la joven, que es lo que ella quería.
A los dos años siguientes, ya era una gran modista
y por sus buenos trabajos todo el pueblo conocía.
Un día se la presenta, una señora muy guapa
y a la joven modista, le dijo estas palabras:
Aquí la traigo un vestido, para que usted me lo haga
del modelo que usted quiera, no tengo idea de nada.
Desde muy joven yo soy una mujer desgraciada
nunca he tenido suerte en esta vida malvada.
Señora cuénteme usted algo de lo que me habla
porque yo tengo también, una historia que contarla.
Escúcheme bella joven, yo era hermosa como usted
pero un hombre me engañó.
Tuve una hermosa niña y el traidor me abandonó.
Sola con aquella hija ¿que tenía que hacer yo?
Para conservar mi honra en un banco de las Ramblas,
yo la entregué a un marinero, que hora tan desgraciada.
Aunque yo mandé dinero para que la criaran,
he venido a Cartagena porque quisiera abrazarla.
Pues traigo aquí las señas, del hombre que la crió
pero es que no me atrevo a hacer la presentación.
La modista muy cariñosa, de esta manera le habló:
Entrégueme esas señas, que me llaman la atención.
Al leer aquellas señas la muchacha exclamó:
¡señora estas son las señas de el que a mi me crió!
Al oír esto la señora, su rostro palideció,
al ver que era su hija a sus pies se desmayó.
La llevaron a su casa y ya que se reanimó
aquella pobre señora, de esta manera exclamó:
¡Yo soy una desgraciada, perdóneme por favor!
toda la culpa la tuvo el hombre que me engañó.
Y el que fue bravo soldado y a la joven crió
abrazando a la señora, de esta manera le habló:
Señora yo soy soltero y en la edad igualamos
si no tiene inconveniente, cuando quiera nos casamos.
Se casaron muy felices, y a la joven se llevaron
y aquí termina la historia, que todos han escuchado.