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Cultura / El Hilorio

Gratitud a nuestros mayores

Cuánto han cambiado los tiempos
y obligaciones aquellas
de ir a lavar al arroyo
llevando la ropa a cuestas.
Lavarla y echarla al sol
sobre la tupida hierba
para que se blanqueara
regándola con frecuencia.
Otras veces a los hornos
el escriño a la cabeza
iban a cocer el pan
que amasaban en la artesa.
O camino de la fuente
el cántaro a la cabeza
y en la otra cadera al niño
que no dormía la siesta.
Pues no había cochecitos
ni cuartos para niñeras
y cada mujer tenia
de niños media docena.
Digo por término medio
y no me paso en la cuenta
¡Qué mujeres las de antaño!
cuanta lucha, cuanta entrega.
Para sacar la familia
a veces con tal miseria
de no tener para el hijo
ni un trozo de pan siquiera.
Pero siempre confiaron
en Dios y en su providencia
el que mantiene las aves
que no siembran ni cosechan.
y que a los lirios los viste
con más galas que la ciencia.