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Cultura / El Hilorio

Vamos hijos

Venid conmigo ¡hijos míos!
vámonos al cementerio
que es el mes de los difuntos
venid conmigo, yo os llevo.
Quiero hablaros de la vida,
y tiene allí un libro abierto;
hoy quiero hacer con vosotros
lo que ayer conmigo hicieron.
Mirad hijos esa fosa;
a mí también me trajeron
como yo os traigo a vosotros
mis padres, bien lo recuerdo.
Y aquí, en este mismo día,
recé una oración con ellos
era yo entonces un niño
como vosotros, pequeño.
Era yo entonces un niño,
aunque hace ya mucho tiempo,
y han pasado muchos años
son muchos ya los que tengo.
Y aún recuerdo con cariño
las palabras del abuelo.
Luego cuando seas hombre,
mis padres ¡ay me dijeron!
no olvidéis nunca este día,
ven con tus hijos a vernos.
venid a rezar por nosotros
como hoy nosotros hacemos
cuando dentro de esta tumba
descanse en paz nuestro cuerpo.
No te olvides ¡hijo mío!
de venir al cementerio
ven a rezar por tus padres
una oración por los muertos.
Al cumplir hoy la promesa
que ayer mis labios hicieron
también yo os muestro hijos míos
aquellos mismos deseos.
Y con sus mismas palabras,
con el mismo afán deseo
no olvidéis nunca este día
y lo mismo que hoy hacemos
venid mañana vosotros,
no lo olvidéis, os lo ruego.
Callan los hijos y escuchan,
cuando habla el padre en silencio,
y cuando el padre termina,
con fervoroso respeto,
prometen hacer mañana
lo mismo que el padre ha hecho.
Y cayendo de rodillas
los hijos le respondieron
cuando el rezando decía
padre nuestro...padre nuestro...