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Cultura / El Hilorio

El golfillo del tranvía

Era un chaval muy alegre que se ve todos los días
en las calles de Barcelona enganchado a los tranvías.
No tenía padre ni madre, según la gente decía
y por nombre le pusieron el golfillo del tranvía.
Todos los días se iba enganchado a los tranvías
a la barriada de Sans donde una fábrica había.
En la fábrica un jardín, en el jardín una verja
y por dentro hay una niña, más linda que las estrellas.
Apenas vio al golfillo con su carita de risa,
le dio en un papel envuelto las sobras de la comida
porque esta niña preciosa, guardaba todos los días
lo sobrante de la mesa, al golfillo del tranvía.
Dios se lo pague ángel bueno, al golfillo le decía
y besándola las manos estas palabras decía:
Que buen corazón tu tienes, no quiera Dios que algún día
yo te viera en un apuro, que hasta mi vida daría.
No se pasó muchos meses, ni tampoco muchos días
que un incendio voraz a la fábrica envolvía.
La niña estaba en peligro de morir entre las llamas
y sus padres afligidos, a la virgen suplicaban.
Cuando todos pensaban, que la niña estaba muerta
vieron salir al golfillo, que sacaba un lío a cuestas
y delante de los padres desliaron el bultillo
y vieron a su hija sana y salvada por el golfillo.
El niño lleva sus ropas quemadas como su cuerpo
tiene muchas quemaduras, producidas por el fuego.
Los padres quieren pagarle, su buena acción con dinero
y el niño le contesta, no quiero nada caballero.
Yo no quiero nada más, que me de su hija querida
hasta que pueda trabajar, las sobras de su comida.
Papaíto de mi vida, tráeme a casa a Manolita
tu tendrás un hijo más y yo tendré un hermanito
porque el expuso su vida, solo por salvar la mía
tan solo por que le daba, las sobras de la comida.
Le dieron su protección, y estudiaba en un colegio.
Al cumplir dieciséis años, era un hombre de provecho.
El padre de la muchacha murió de una enfermedad
y el quedo responsable de la contabilidad.
La niña cumple veinte años y el muchacho veintidós,
los dos se han enamorado, con una loca pasión.
Piden permiso a la madre, esta pone imponente
que su hija es muy joven y no quiere casamiento.
Un día que la señora, fue a visitar la oficina
donde trabaja el muchacho, le acompañaba su hija
y ya que se vieron juntos esta madre con dolor
entre suspiros de pena, les hizo esta confesión.
Ya lleva bastante tiempo de sufrir mi corazón
pero ha llegado el momento de que lo declare todo.
Ahora os voy a decir, aunque todo lo he callado
que casaros no podéis, porque los dos sois hermanos.
Te abandoné por mi culpa, hijo de mi corazón
solo por salvar mi honra, la culpa la tuve yo.
Te perdono madre mía, por lo mucho que has sufrido
por que has callado al saber que era tu hijo querido
nada cambia mi ilusión y le agrada todavía
que le llamen por el nombre, el golfillo del tranvía.