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Cultura / El Hilorio

Joven decapitada por su novio

Sucedió que una muchacha
huerfanita se quedó
en pequeñito pueblo
de la provincia de León.
Era una joven muy linda
que quince años contaba
tan sólo dos hermanitos
en el mundo la quedaban.
Al verse sola en el mundo
sin ampara ni protección
en casa de unos señores
a servir se colocó.
Trabajaba la muchacha
con cariño y con afán
para que a sus hermanitos
nunca les faltara el pan.
Así fue pasando el tiempo
y en la joven se fijó
un mozo de aquel pueblo
hombre de mal corazón.
Éste a la pobre muchacha
no cesaba de rondar
para ver si así podía
su ruin deseo lograr.
Era un chico postinero
pero de familia rica
y por eso con frecuencia
hacía lo que quería.
Con palabras amorosas
la decía aquel traidor:
ya sabes que yo te quiero
con todo mi corazón.
Dentro de mi pensamiento
yo te llevo noche y día
y si tu no me complaces
me pongo fin a la vida.
Yo soy rico, tu eres pobre,
yo te puedo hacer dichosa
si accedes a mis deseos
muy pronto serás mi esposa.
Al oír esto la joven
pensativa se quedó
y al cabo de unos momentos
de esta manera le habló:
Lo que dices caballero
es digno de admiración
tan sólo que yo no creo
en tus promesas de amor.
Yo soy pobre y usted es rico
total, para que me quiere,
lo que usted quiere de mí
engañarme si es que puede.
Pero tan sólo la honra
no poseo otra riqueza
antes de verme perdida
prefiero morir por ella.
Al oír esto el infame
la dijo sin vacilar:
Lo que acabas de decir
caro lo vas a pagar.
Al sentirse despreciado
de aquel sitio se alejó
pero instintos de venganza
en su pecho se quedó.
La joven no le hizo caso
y el tiempo así se pasó
hasta que un día fatal
se vio en manos del traidor.
Un día al anochecer
la muchacha se marchaba
en busca de unos corderos
que en el rebaño se hallaban.
El traidor la vio salir
y tras ella se marchó
con ideas criminales
llevaba en su corazón.
Cuando la pobre muchacha
a su casa regresaba
este hombre sin conciencia
ante ella se presentaba.
Ella al verse sorprendida
sin aliento se quedaba
y este hombre criminal
sobre ella se abalanzaba.
Aunque la moza luchaba
con bravura y con valor
por que aquel hombre infame
quería robarla su honor.
Entonces aquel infame
una pistola sacó
sin temor a la justicia
dos tiros la disparó.
Y ya herida de muerte
sin vida al suelo cayó
esta desdichada joven
su alma a Dios entregó.
Al verla caída en el suelo
este hombre sin corazón
lo que no consiguió en vida
de muerta lo consiguió.
Y cogiendo el cuerpo inerte
de esta joven desgraciada
para no ser descubierto
lo ocultó entre unas ramas.
Y entonces aquel infame
para el pueblo se marchó
como si nada había hecho
en su casa penetró.
Pero al cabo de unas horas
no dejaba de pensar
cómo las huellas del crimen
podía pronto borrar.
Terrible ha sido la idea
que por su mente pasó
y sin temor al castigo
lo puso en ejecución.
Con un hacha y dos cajones
de su casa se salió
y dónde estaba el cadáver
muy pronto se dirigió.
Y a esta joven desdichada
en pedazos la partió
brazos, piernas y cabeza
de aquel cuerpo separó.
Entonces aquel infame
lo colocó en un cajón
y el cuerpo de la infeliz
en otro lo colocó.
Y rápido aquel infame
con cuidado los tapó
y antes que llegara el día
a la estación los llevó.
Al otro día siguiente
al primer tren que llegó
junto con los dos cajones
en un coche se metió.
Lo que tenía pensado
este hombre criminal
llevarlos a Santander
y allí arrojarlos al mar.
Ya muy cerca de Reinosa
en el coche penetraron
unos guardias de requisa
y de pronto preguntaron.
¿De qué son estos cajones?
respondió sin vacilar,
esos son míos señores
los llevo para comprar.
¿Qué lleva usted dentro de ellos?
dijo de pronto un brigada.
En uno llevo herramientas,
en otro carne salada.
Hay que abrir estos cajones,
le contestan al momento
pues queremos enterarnos
si lo que dice es cierto.
Entonces aquel infame
de color cambió enseguida
y se fue a la ventanilla
para arrojarse a la vía.
Entonces los dos agentes
sobre el se abalanzaron
le detienen y al momento
allí se queda esposado.
Luego al abrir el cajón
horrorizados quedaron
dentro de el sólo había
pedazos de cuerpo humano.
La cabeza de una joven
también sus piernas y brazos
que sólo al contemplarlo
causaban dolor y espanto.
En la primera estación
al criminal lo bajaron
se lo presentaron al juez
y el juicio queda esperando.