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Cultura / El Hilorio

Casamiento de ganga

Atención señores míos
atención ya que verán
la vida de las doncellas
y el mal estado en que están.
Cuando una mocita
tiene quince años
no pueden con ella
ni padres ni hermanos.
Si el padre la riñe
ella le contesta
yo me iré a servir,
esta es su respuesta.
Ella coge su ropita
y se va cómo enfadada
en casa de Don Pepito
preguntando por posada.
Y luego a la dueña
la empieza a hablar
diciendo que sabe
coser y bordar.
Y si usted quiere
me podré quedar
diez reales al mes
yo pienso ganar.
Por fin se quedó a servir
en casa de Don Pepito
y a los tres días que estaba
ya le colocó al señorito.
Un día en su cuarto
con gran disimulo
éste a su criada
la regaló un duro.
La dice bien mío
va aquí salero
si lo necesitas
pídeme dinero.
Oídas estas razones
a los tres días siguientes
ya le pidió esta doncella
para vestido y pendientes.
Tres onzas la dio
e esta Don Pepito
y ella se compró
un mantón bonito,
vestido de seda
con gran mantillón,
ricas guarniciones,
bata y guardasol.
En fin que salió a paseo
siendo una triste criada
aún más maja que la dueña
con diez reales que ganaba.
Lo que esta llevaba
valía un tesoro
su peina de moda
sus anillos de oro
gastaba reloj
su buen abanico
porque lo pagaba
todo Don Pepito.
Un sábado por la tarde
habló un mozo a la doncella
diciendo que si quería
se casaría con ella.
Yo lo pensaré
le dice al mocito
vuelva usted mañana
por aquí un ratito,
porque yo estas cosas
diré a mi señor
y así podré a usted
darle el sí o el no.
Al otro día este joven
fue a su casa muy contento
lo cual ella le dio el si
en aquel mismo momento.
Entonces el mocito
la habló cara a cara
diciendo serás
mujer muy honrada.
Oye Francisquillo
bien claro te digo
de mi en este mundo
nadie se ha reído.
Cuando yo servía
ahora te lo contaré
con el señorito un día,
una vez me resbalé.
Él la contestó
que si había barro,
que si llovió en el cuarto,
vamos, vamos, vamos,
yo en mi vida e visto
nunca en Aragón
de un modo como este
dar un resbalón.
El mozo muy pensativo
se despidió de la dama
y esta quedó con su madre
contando lo que pasaba.
Madre sabe usted
que se ha ido enfadado
y es del resbalón
que yo le he contado.
¡Ah picarona infame!
y grandísima tontaina
habértelo tú callado
y no haberle dicho nada.
También me resbalé yo
la dice entonces la madre
más de setecientas veces
sin saber nada tu padre.
Y esta cuando a su hija
la daba las quejas
retorcía el morro
y arruga las cejas.
Al otro día siguiente
llegó el novio muy temprano
a casa de esta , y la dijo:
ven aquí y dame la mano.
Azucena blanca
colores de rosa
te quiero porque eres
mujer virtuosa.
Como eres tan linda
me has enamorado
y yo quiero pronto
ser tu esposo amado.
Luego de tantos obsequios
dice la madre enfadada
si te casas con mi hija
no te llevas mala ganga.
¡Maldita la vieja
vaya pronto a hilar
si no de un trancazo
la echo al hospital!
Tunante, bribón
dijo la abuelita
vete a los infiernos
y deja a mi chica.
Por fin ya se hizo la boda
con tranquilidad y unión
y él a la primera noche
fue en busca del comadrón.
Dios mío y Señor
que me pasa a mi
será algún milagro
que obró San Fermín.
Ya nació un niño precioso
en el rigor del invierno
que se parecía al padre
como un canario a un cuervo.
La abuela contenta
fue a ver al nieto
y le dice al yerno
ya estarás contento.
¡Ah grande zopazo
cabeza de asno
ya te dije yo
que irías ganando!
Oídme nobles casados
que aún no cuento lo mejor
el gasto que hizo en el parto
ese fue el mayor dolor.
Para el primer caldo
ya le hizo de menos
cuatrocientos pavos
y diez mil carneros.
Pues de chocolate
fue una friolera
se tomó en dos días
más de arroba y media.
Vendió hasta la camisa
los calzones y una capa,
una bata y un porrón
y en seis cuartos una gata.
Válgame San Juan
que parto tan fuerte
de lo que le pasa
se rie la gente.
Todas las desgracias
le han acontecido
y ahora en el invierno
se muere de frío.
Se fue a aprender de herrero
y llevó tan buena ropa
era el pantalón de yesca
y una levita de estopa.
Se puso a la fragua
a hacer un velón
le saltó un chispazo
lo cual le encendió.
Veintidós heridas
allí se le hicieron
y en aquel instante
la unción le dieron.
Veintitrés meses estuvo
siempre en la cama de un lado
y venia a visitarle
un famoso cirujano.
Y todos los días
le da su señora
cinco lavativas
cada cuarto de hora.
Y el médico un día
con muy grande esmero
a su amor le dijo
que le corte el pelo.
El médico les sacó
todo lo que había ganado
que fueron cinco dineros
y aún no creo hayan llegado.
Así que señores
estaba asustado
lleno de mil trampas
desde que es casado.
Así que mocitos
mirad lo que hacéis
festejar las mozas
pero no os caséis.