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Cultura / El Hilorio |
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Astros, cielo, Sol y luna
se oscurecen por no ver aquel retrato en mi casa que yo tengo por mujer. A la muerte da vergüenza de llegarla a conocer los niños de mí se burlan y los dementes también. Todo el mundo me desprecia pobre y desgraciado Andrés si a la mar fueras por agua te vinieras sin beber. En ningún reino me quieren en ningún pueblo estoy bien si a comprar voy a la plaza nada encuentro que comer. Quisiera estar en presidio o de verdugo en Jaén de peregrino iría al mismo Jerusalén. Por buscar quien se la lleve dónde no la vuelva a ver porque creo que la mato aunque me ahorquen después. Quién la quiere, si se caga ¡válgame San Rafael! si yo mismo no la quiero y con ella me casé. Quien se quiera volver cera o negro como la pez esto nos pasa a los hombres por causa del interés. Si ustedes me dan licencia mi historia les contaré para que tomen ejemplo los que no tienen mujer. Nací en Mairena señores más arriba de Conchez fue mi madre Doña Pide mi padre yo no sé quién. Me crié con más fatigas que un borrico puede tener fue mi oficio colillero de tabernas y cafés. Y salí sobresaliente de los buenos para comer entré en quinta, fui soldado de un batallón de a pie. Y encontré todos los palos perdidos en el cuartel del calabozo y del cepo por milagro salí bien. No estuve en más hospitales que en el de Cádiz y Teruel el de Pamplona y Valencia el de Cuenca y Santander. El de Sevilla y Granada en Córdoba me curé el de Murcia y Alicante el de Madrid y Aranjuez y otros trece o catorce que sus nombres no lo sé. Tan buena traza tenía que mandó mi coronel que me dieran la licencia que no me quería ver. Llegué a casa muy bueno y con ganas de comer me enamoré de una vieja tía de Matusalén. Abrevié mi casamiento no sé si me amonesté fui a la iglesia y me leyeron un pedazo de papel de un diario y me dijeron ya está usted casado Andrés. Nos salimos de la iglesia y en la gente reparé un estruendo de cencerros de calderos y almirez las campanas de la torre creo tocaban también. Me metí en mi casa y ella acudió también después la pobrecita llorando pero yo la consolé. Comimos unos poleos con dos cuartillos de miel mandé que hiciera la cama y al punto en ella entré. Cómo aquel que tiene sarna a dos manos me rasqué vaya un modo de picar cada pulga como nuez y del as blancas con rabo lo mismo que un alfiler. Viene mi esposa a acostarse como es de suponer parecía su espinazo una escalera de pie. Yo disimulé mi pena y con ella me acosté empezó a cagar para ella ahora si que truena bien. Cagó cama y cobertor sala, alcoba y la saqué al corral medio arrastrando y cagó hasta la pared. Cagó cocina y el patio y hasta el comedor también. Y yo triste y apenado a la calle me marché enfadado y renegado de la leche que mamé. En la calle los tres días pensando lo que iba a hacer llegaron los guardias civiles me amarraron con un cordel. Me llevaron a Mairena a disposición del juez el cual me da por sentencia me junte con mi mujer. Que me echaría a prisión si la dejaba después con picardía me dijo si no se caga...está bien. Si se caga la revientas a palos y puntapiés me fui a casa fiero me junté con mi mujer. Pero la até en el corral y allí la doy de comer no hay mal que por bien no venga y ahora pienso vender cien carros de estiércol que los llenará en un mes estiércol para prado y viñas que dineral voy a hacer. Vivo en lujo y como quiero aprender a casar bien aunque la novia no sea buena pero la panza...anda bien. Así pasé yo mi vida porque ha de saber usted que el que nace desgraciado hasta morir lo ha de ser. A mis oyentes le digo el casamiento de Andrés aquel que quiera saberlo dos reales cuesta el papel. |