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Cultura / El Hilorio

Casamiento de Andrés

Astros, cielo, Sol y luna
se oscurecen por no ver
aquel retrato en mi casa
que yo tengo por mujer.
A la muerte da vergüenza
de llegarla a conocer
los niños de mí se burlan
y los dementes también.
Todo el mundo me desprecia
pobre y desgraciado Andrés
si a la mar fueras por agua
te vinieras sin beber.
En ningún reino me quieren
en ningún pueblo estoy bien
si a comprar voy a la plaza
nada encuentro que comer.
Quisiera estar en presidio
o de verdugo en Jaén
de peregrino iría
al mismo Jerusalén.
Por buscar quien se la lleve
dónde no la vuelva a ver
porque creo que la mato
aunque me ahorquen después.
Quién la quiere, si se caga
¡válgame San Rafael!
si yo mismo no la quiero
y con ella me casé.
Quien se quiera volver cera
o negro como la pez
esto nos pasa a los hombres
por causa del interés.
Si ustedes me dan licencia
mi historia les contaré
para que tomen ejemplo
los que no tienen mujer.
Nací en Mairena señores
más arriba de Conchez
fue mi madre Doña Pide
mi padre yo no sé quién.
Me crié con más fatigas
que un borrico puede tener
fue mi oficio colillero
de tabernas y cafés.
Y salí sobresaliente
de los buenos para comer
entré en quinta, fui soldado
de un batallón de a pie.
Y encontré todos los palos
perdidos en el cuartel
del calabozo y del cepo
por milagro salí bien.
No estuve en más hospitales
que en el de Cádiz y Teruel
el de Pamplona y Valencia
el de Cuenca y Santander.
El de Sevilla y Granada
en Córdoba me curé
el de Murcia y Alicante
el de Madrid y Aranjuez
y otros trece o catorce
que sus nombres no lo sé.
Tan buena traza tenía
que mandó mi coronel
que me dieran la licencia
que no me quería ver.
Llegué a casa muy bueno
y con ganas de comer
me enamoré de una vieja
tía de Matusalén.
Abrevié mi casamiento
no sé si me amonesté
fui a la iglesia y me leyeron
un pedazo de papel
de un diario y me dijeron
ya está usted casado Andrés.
Nos salimos de la iglesia
y en la gente reparé
un estruendo de cencerros
de calderos y almirez
las campanas de la torre
creo tocaban también.
Me metí en mi casa y ella
acudió también después
la pobrecita llorando
pero yo la consolé.
Comimos unos poleos
con dos cuartillos de miel
mandé que hiciera la cama
y al punto en ella entré.
Cómo aquel que tiene sarna
a dos manos me rasqué
vaya un modo de picar
cada pulga como nuez
y del as blancas con rabo
lo mismo que un alfiler.
Viene mi esposa a acostarse
como es de suponer
parecía su espinazo
una escalera de pie.
Yo disimulé mi pena
y con ella me acosté
empezó a cagar para ella
ahora si que truena bien.
Cagó cama y cobertor
sala, alcoba y la saqué
al corral medio arrastrando
y cagó hasta la pared.
Cagó cocina y el patio
y hasta el comedor también.
Y yo triste y apenado
a la calle me marché
enfadado y renegado
de la leche que mamé.
En la calle los tres días
pensando lo que iba a hacer
llegaron los guardias civiles
me amarraron con un cordel.
Me llevaron a Mairena
a disposición del juez
el cual me da por sentencia
me junte con mi mujer.
Que me echaría a prisión
si la dejaba después
con picardía me dijo
si no se caga...está bien.
Si se caga la revientas
a palos y puntapiés
me fui a casa fiero
me junté con mi mujer.
Pero la até en el corral
y allí la doy de comer
no hay mal que por bien no venga
y ahora pienso vender
cien carros de estiércol
que los llenará en un mes
estiércol para prado y viñas
que dineral voy a hacer.
Vivo en lujo y como quiero
aprender a casar bien
aunque la novia no sea buena
pero la panza...anda bien.
Así pasé yo mi vida
porque ha de saber usted
que el que nace desgraciado
hasta morir lo ha de ser.
A mis oyentes le digo
el casamiento de Andrés
aquel que quiera saberlo
dos reales cuesta el papel.