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Cultura / El Hilorio |
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En la ciudad de León
dentro de la calle nueva habitaba un vendedor vende pañuelos de seda. Y por esposa tenía una graciosa morena y un hijo de cinco años cosa lista y cosa buena. Todo lo que pasa en casa a su padre se lo cuenta ¿Quien entra mi niño en casa cuando yo no estoy en ella?. Padre mío entra un alférez todo vestido de seda que abraza y besa a mi madre como si mujer de él fuera. Mi mujer, ¡ay mi mujer1! ¿Qué es eso que el niño cuenta? ¡Ay maridito del alma! del niño nunca te creas que los cuentos de loas niños el demonio los ordena. Se le ha ofrecido al marido el ir a una preciosa feria y la perra de su madre de matar al niño intenta vivo le sacó los ojos vivo le arrancó la lengua. Y la lengua de aquel niño en un plato se la echa y se la lleva al alférez e aquí la parteleta. Parla tú mi niño, parla que ahora te doy la licencia y por promisión de Dios ha respondido la lengua: Madre tengo que parlar aunque entre tierra me meta. Le ha cogido entre dos cantos le machacó la cabeza y los huesos de aquel niño a la perra se los echa. La perra como era humana, más humana que era ella, con las patas hace el hoyo con la boca los entierra con lágrimas de sus ojos agua bendita los echa. La cabeza de aquel niño luego de cocerla intenta uno dice vaya en cachos otro dice vaya entera. Ellos que estaban en esto llamó el marido a la puerta ella salió a recibirle bien peinada y bien compuesta. El alférez, más valiente se ocultó en la chimenea. ¿Dónde está el niño, mujer, que ha recibirme no llega? ¡Otros días va al camino y hoy ni siquiera a la puerta! Mi marido, mi marido, me invitaron a una fiesta y allí entre tanta gente el niño se me perdiera pero tengo yo entendido que está en casa de su abuela. ¡Ay mujer, ay mujer! ¿qué me tienes para cena? ¡Ay maridito del alma! yo te tengo una cabeza que la traje ayer del rastro. Y yendo en espera vuestra tomó el caldo como pudo y al partir de la cabeza vino una voz dolorosa sin saber de dónde viniera. ¡Padre mío, padre mío! no parte de esa cabeza que salió de sus entrañas no quiera Dios allá vuelva. Al oír estas palabras desmayado cayó a tierra y viéndose descubierta ella en un cuarto se encierra. Y llamaba a los demonios para que vengan por ella. Los demonios ya la llevan por los montes y laderas unos dicen vaya en cachos otros dicen vaya entera y así pagará su crimen esta tan horrible fiera. |