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Cultura / El Hilorio

La Basilisa

Atención pido señores para poder explicar
las dos muertes cometidas por una mujer formal.
En la ciudad de Almería, tierra de mucha riqueza
hay un pueblo que se llama, San Vicente la Rivera.
En dicho pueblo habitaba, un matrimonio honrado
tenían solo una hija, la cual era su amparo.
Basilisa era el nombre, de aquella prendada hija
les ganaba su sustento por allí de modistilla.
Al contar dieciséis años de ella se enamoró,
un joven de aquella villa, pero con falsa intención.
Victoriano se llamaba, el joven que la rondaba
era más rico que ella, pero falso en sus palabras
se pasaron cuatro años, los dos en gran amistad
Victoriano la quería con cariño sin igual.
Al comprender que rea madre, le dice así Basilisa
Victoriano de mi vida, si me olvidas soy perdida.
Olvidarte vida mía, no lo permita mi alma
eso es lo que yo quería un hijo de mis entrañas.
Al cabo de pocos meses, nació un niño muy bonito
que por nombre le pusieron sus padrinos Angelito.
Al pasarse cuatro meses este hombre tan contento
le dice así Basilisa: Hora es de casamiento,
pues ya sabes Victoriano lo que ocurre hoy en día
y si llegas a olvidarme, quedo en el mundo perdida.
Tengo pensado una cosa, si la quieres aceptar,
de esa forma llegaremos, los dos podernos casar.
Pues dímelo Victoriano, no dilates un momento
que si tu dispones bien, yo aceptadito lo tengo.
Mi gusto será que te vayas dos años al extranjero
para ver si de esa forma ganamos algún dinero,
porque al casarme contigo mis padres nada me dan,
para ver si de esa forma reunimos capital.
Si Dios te da buena suerte y ganas algún dinero
para casarnos los dos y sin depender de ellos.
Victoriano de mi vida, yo en nada te faltaré
a la hora que tu digas, yo solita embarcaré.
Lo arreglan todo al momento, y en vapor pide plaza
y aquella infeliz mujer, a Buenos Aires se marcha.
Al llegar a dicho punto, muy pronto se colocó
con unos señores ricos, para criar un barón.
Al pasarse unos dos meses, ya la infeliz le giró
250 duros que aquella infeliz ahorró.
Al pasarse treinta meses, ya le tenía mandado
cerca de 500 duros, a ese hombre desgraciado.
Mientras tanto Victoriano, como tenía dinero
tomó nuevas relaciones, con otra joven del pueblo.
Determinaron la boda, haciéndola a toda prisa
para que no se enteraran los padres de Basilisa.
Cuando por fin se enteraron, la escribieron una carta
a su hija Basilisa la cual dice estas palabras:
Pues queridísima hija, esta tiene por objeto,
de que tu te enteres pronto, de este nuevo casamiento.
El falso de Victoriano anteayer se casó
con la hija de Marcelo, la que vive en el mesón.
Pues hoy mismo lo supimos, porque ese infame canalla
lo hizo todo a escondidas, porque nadie se enterara.
No le bastaba al infame con robar tu honra y honor
si no que te está robando, hasta tu propio sudor,
pues no sabes el disgusto que en nosotros a caído
viendo que queda sin padre, este hijito tan querido.
Y sin molestarse más de ti nos despedimos
Amadeo y Marcelina, que son tus padres queridos.
Por estas recibirás, abrazos de este hijito
que te los mandan llorando, por su padre ese maldito.
Que corazón la pondrían, a la pobre Basilisa
cuando recibió la carta con esa triste noticia.
Se tira de los cabellos y jura que ha de vengar
esa infancia cometida, por su novio desleal.
Y pasándose dos días, a su amo pide la cuenta.
Le dice que viene a España, nada más por ida y vuelta.
El 21 de Marzo, para España se embarcó
llegando de noche al pueblo de esto nadie se enteró.
Al llegar al otro día a una finca se marchó
donde estaba Victoriano, con su esposa en unión.
Ella iba preparada, enseguida se aproximó
y a Victoriano le dice, estas frases enseguida:
Ya veo que estás casado, nada me importa por eso
lo que quiero es que me des al instante mi dinero,
pues no vayas a creerte que por que me robaste mi honor
como hombre sin conciencia, vas a comer mi sudor.
Dinero tuyo no tengo y vete pronto de aquí
que si tu no te retiras pongo a tu vida fin.
Infame hombre canalla, aunque contestas así
ya verás estas palabras, lo que te aguarda a ti.
Y sacando una pistola, que traía preparada
dos tiros al corazón a su rival le dispara.
Y cayendo al suelo inerte sin decir una palabra
en un sollozo suspiro a Dios entregó su alma.
Su esposa que esto vio auxilio exclama ligera
pero ciega Basilisa, hace fuego contra ella
y alcanzándola un balazo, en medio de la cabeza
en menos de un Jesús, la dejó tendida en tierra
y sintiendo los disparos, una pareja de guardia,
que prestan sus servicios a aquel sitio se acercaban.
Cuando vieron a los dos en su sangre revolcados
y a Basilisa del sitio, corriendo se iba alejando.
Echaron a perseguirla, pero todo fue en vano
y viendo que la alcanzaban, su pistola a empuñado
y maldiciendo del mundo del mundo y su suerte tan contraria
dos tiros se disparó antes de llegar la guardia.
Dieron parte al señor juez, de todo lo que pasaba
el cual se presentó luego con los doctores de fama.
Pero todo fue inútil, cuando llegó la justicia
reconocen los doctores que los tres eran ya víctimas.
Una multitud de gente se vino con la justicia
reconociendo los muertos, entre ellos Basilisa
y cuando la registraron, esto es lo que hay que ver,
la encontraron en el bolso, por ella escrito un papel.
Cogiéndolo el señor juez, empieza a leer la carta
escrita por Basilisa, la cual dice estas palabras:
Al juez de San Vicente le digo de corazón,
que me embarco para España, y con muy justa razón.
Voy decidida a matar, al infame seductor
que sin compasión ninguna a deplorado mi honor.
Para que Usía se entere que esto no ha sido un engaño
el seductor de mi honor es el falso Victoriano.
Tuve noticia estos días de que se había casado
con la hija de Marcelo, ese hombre desgraciado.
Nada me importa por el, lo que más me importa a mi
es que me comió el dinero, que yo he ganado aquí
pues más de 500 duros le giré al desgraciado
porque así me lo ordenó, que se lo fuera mandando.
Un hijo tengo con el, yo me fié en sus palabras
le giré todo el dinero, sin quedarme yo con nada
pues el mismo lo ordenó, que me marchara al extranjero
para ver si de esa forma, ganaba algún dinero.
No le bastaba al malvado con robar mi honra y mi honor
sino que quiso robarme hasta mi propio sudor.
Mis padres no saben nada, pobrecitos, llorarán
cuando sepan lo ocurrido, que sorpresa les darán.
Adiós mis padres queridos, adiós hija de mi alma
voy decidida a morir, por un hombre sin entrañas
pues yo muero muy tranquila, en defensa de mi honor
por dar muerte a ese canalla, causa de mi perdición.
A la que ha hecho su esposa, si puedo la mataré
pues ella también sabía, que tuve un hijo con el.
A la justicia le encargo, cuando ocurra lo que digo
amparen a mis ancianos y a mi hijito querido.
Esta es la pura verdad, como puede ver Usía
y se despide del mundo, la que firma Basilisa.
Lloraba toda la gente, y el juez también lloraba
al terminar de leer esta lastimosa carta.
Han avisado a sus padres de lo que había sucedido
se presentan los ancianos llevando en brazos al niño.
Que escena desgarradora en ese instante ha ocurrido,
se quedaron sin aliento ante su inerte hija.
Se enterraran a las víctimas, la justicia lo ordenó
para darles sepultura a los tres ya en unión.
Ya los dan tierra sagrada según sus propias conciencias
y el juzgado en este asunto, instruye diligencias.
Que sirva esto de ejemplo a los jóvenes de hoy día
y amparen a sus hijos, cosa de tanta valía.