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Cultura / El Hilorio

Venganza de una joven

En un puertecito de mar
muy cerca de Santander
allí vivía una joven
que se llamaba Isabel.
En compañía de su madre
en aquel pueblo vivía
con el sudor de su frente
a su madre mantenía.
Pero como la desgraciada
siempre se lleva presente
la pretendía un mocito
que se llamaba Clemente.
Así ha pasado algún tiempo
y ella de él se enamoró
y el día quince de abril
luz a una hermosa niña dio.
Así pasaron dos años
él sin dejarla un momento
ella con mucho cariño
trataba el casamiento.
El la dice vida mía
para eso tenemos tiempo
y así la iba engañando
aquel mozo postinero.
Así la siguió engañando
aquel joven inocente
con otra joven más rica
ya se va a casar Clemente.
Al poco tiempo la joven
que de esto se enteraba
sin poderlo remediar
amargamente lloraba.
Su madre al contemplarla
de esta manera decía:
A ti no te ha de faltar
pan para tu pobre hija.
Pero esta joven humilde
para sí se lo calló
y sin decir nada a nadie
para la calle salió.
Cogiendo a su niña en brazos
en busca de aquel traidor
se dirigió hasta la playa
muy pronto los encontró.
Hablando los dos amantes
entretenidos estaban
sin pensar a aquella hora
que a Clemente le esperaba.
Haga el favor caballero
le suplico por favor
escúcheme dos palabras
le pido de corazón.
El la contestó en seguida
¿a que vienes Isabel?
pues ya sabes que no te quiero
y aún me vienes a ofender.
Al oír esto la joven
le contestó con desdén:
Quiero que me des su nombre
a mi hija, que es tuya también.
Mirándola con desprecio
de esta manera decía:
Yo a ti no te conozco
ni tampoco a esa niña.
La joven enfurecida
a su hija en el suelo posó
y sacando un gran cuchillo
el pecho le atravesó.
Cayó bañado en su sangre
la novia se la escapó
ha tratado de cogerla
pero ya no la alcanzó.
Y pronto coge a su hija
y en sus brazos la estrechó
y dándola humildes besos
de esta manera la habló:
Lo siento que por mi culpa
lo tengas tu que pagar
pues no quiero que mañana
te pase otra cosa igual.
Y abrazándose a su hija
sin dejarla de besar
llena de ira y coraje
se arrojaron a la mar.
Viendo esto unos pescadores
que algo lejos se encontraban
estos cogieron sus barcas
corriendo auxilio prestaban.
Pero todo les fue inútil
porque cuando estos llegaron
ya la infeliz y su hija
ya se habían ahogado.
Las sacaron para fuera
asustados se quedaron
al ver al otro cadáver
a dar parte marcharon.
Antes de llegar al pueblo
a la justicia encontraron
pues la novia de Clemente
ya lo había declarado.
La justicia dio la orden
de recoger los cadáveres
los llevan al cementerio
Dios les perdone sus males.
Manda una carta a su madre
la leyó con frenesí
no fue capaz de leerla
la carta decía así:
Madre mía de mi alma
a ti te pido perdón
por un hombre traicionero
fue nuestra separación.
No siento morir joven
porque la vida no es nada
siento dejar en el mundo
a una madre abandonada.
Adiós madre de mi vida
que jamás te vuelvo a ver
solita y desamparada
te quedas pobre mujer.
Ruégale a Dios por mi alma
yo velaré por la tuya
y cuando puedas no dejes
venir por mi sepultura.